La obesidad aparece de forma más frecuente a edades más tempranas. Según el estudio Thao, el mayor y más reciente sobre obesidad infantil, un 6,9% de los niños de 3 a 5 años es obeso y el 10,2% tiene sobrepeso. “Un dato preocupante porque los porcentajes crecen a medida que la edad aumenta”, dice Gregorio Varela, presidente de la Fundación Española de Nutrición, que junto a varias universidades ha colaborado en el Programa Thao Salud Infantil.
Los niños, en gran parte por influencia de los padres, que tienen más prisa que antes a la hora de comer y la pérdida de los habilidades culinarias por parte de estos, hace que sus hijos abandonen el consumo de frutas, verduras, legumbres y pescado, a favor de la comida rápida, “chuches” y bollería. Por lo que respecta al sedentarismo, las actividades físicas tradicionales se están cambiando por la televisión y los videojuegos; todos estos factores hacen que el gasto energético de los menores esté en números rojos.
Ahora hay tres veces más niños obesos que hace solo 15 años. Las consecuencias de este avance pueden ser muy preocupantes, pero las soluciones existen: la clave está en modificar los hábitos.
Los peligros de esta tendencia son muchos. En primer lugar, la obesidad puede suponer al niño problemas físicos (diabetes tipo II, hipertensión, triglicéridos y colesterol, trastornos hepáticos,…) y psicológicos (baja autoestima, estigma social,…). Pero quizá lo peor es que está fraguando una obesidad adulta, con estos mismos problemas, pero agravados. Y hasta tal punto es así, que la siguiente generación podría tener una esperanza de la vida menor que actual, como consecuencia de esta obesidad, a pasar de los avances médicos en otros campos. Algunos estudios indican que la obesidad acorta la esperanza de vida en 13 años.
La solución, sin embargo, existe. Dado que casi todos los factores asociados a la obesidad infantil están relacionados con el estilo de la vida, (excluyendo algunos casos poco comunes de patologías o factores genéticos), cambiando algunas costumbres podemos luchar eficazmente con este problema. Inculcar a nuestros hijos unos buenos hábitos alimentarios y fomentar su actividad física (deporte, juegos, paseos, excursiones,…) es fundamental para prevenir o remediar su obesidad, y de paso habremos hecho mucho para evitar que tengan sobrepeso de mayores.
Pero tenemos que empezar por nosotros mismos, pues si la madre y el padre son obesos, el riesgo de que lo sea también el hijo es de casi el 90%, según Carlos Paredes, Presidente de la Sociedad Valenciana de Pediatría. Este experto insiste en que los hábitos de los hijos tienen mucho que ver con los de sus progenitores, y de ahí la necesidad de modificar las costumbres de los padres, cuando no sean adecuadas en materia de alimentación y salud. Por tanto, si luchamos contra nuestra propia obesidad, además de los evidentes beneficios que lograremos para nosotros mismos, también los conseguiremos para nuestros hijos.
Por otra parte según el Estudio de la Fundación Caixa sobre Obesidad Infantil ha constatado de forma fehaciente que tenemos una de las tasas de obesidad infantil más altas de mundo, solo superados por U.S.A. y Reino Unido. Triste record, sobre todo teniendo en cuenta que hasta ahora éramos uno de los países con mayor esperanza de vida, gracias a las virtudes de la dieta mediterránea, pobre en grasas de procedencia animal y productos refinados. Está claro que las costumbres están cambiando, y a nuestros hijos comer fruta, verduras, legumbres o pescado, no les gusta mucho. En cambio, influidos por la publicidad de las multinacionales, cada vez son más adictos a la “comida basura”.
Parece que se están tomando medidas en este asunto, para evitar que nuestros hijos sufran en pocos años las graves consecuencias para la salud que supone la obesidad y exceso de grasas en la dieta. La comisión Europea ha advertido a las multinacionales de la alimentación que corrijan sus técnicas publicitarias, excluyendo a los niños. En España la industria alimentaria se ha comprometido recientemente a reducir los niveles de grasa y sodio, así como a someter su publicidad a un código de autorregulación, sobre todo cuando vaya dirigida a menores.
¿Estamos a tiempo? Si tomamos medidas pronto, creo que es posible cambiar esta situación. En especial deberíamos vigilar sus hábitos alimenticios, incluidas las comidas entre horas, y potenciar que su vida sea lo menos sedentaria posible.
Os animo a consultar al link que propongo más abajo, donde se ofrece información más detallada:
http://www.slideshare.net/yahina/obesidad-infantil
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CMC Medical Group
Publicado 12 diciembre,2010 a las 0:02
Totalmente de acuerdo. Con el agravante de que el corazón es un músculo, que si no se ejercita, se atrofia. Por tanto, hay que realizar alguna actividad cardiovascular, durante 30 minutos al día. Gracias por tu aportación.
Calamidad
Publicado 01 diciembre,2010 a las 13:51
Otra de las causas de la obesidad es la inactividad física. En la población infantil y juvenil estos fenómenos se agudizan. El número de horas que los niños y adolescentes dedican a jugar con los ordenadores y videojuegos ha aumentado de forma espectacular. El ocio, en la infancia, cada vez se hace más sedentario. Y encima se sientan a ver la tele con un yogur o un batido de leche.
CMC Medical Group
Publicado 12 noviembre,2010 a las 12:30
Estimado José Raposo,
Estoy totalmente de acuerdo con lo que usted indica. Hay dos enzimas, la lactasa y la renina, que el ser humano adulto ha perdido. Eso, unido a que la leche de vaca tiene 300 veces más caseína que la leche materna (la caseína se utiliza como pegamento de muebles), hacen de la leche un alimento de muy difícil digestión.
Debemos de tener en cuenta que el ser humano es el único mamífero del mundo animal que toma leche después del destete.
Personalmente creo que la leche es un alimento a eliminar de la dieta. Pero la industria agroalimentaria es muy potente, y crean confusión en el consumidor hablando de los beneficios de la leche.
Jesús Valero Gálvez
CMC Medical Group
Jose Raposo
Publicado 10 noviembre,2010 a las 10:33
Algunos expertos desaconsejan tomar este alimento por que es un producto animal que perjudica al cuerpo humano, el cual –según ellos- está “diseñado” para alimentarse con sustancias vegetales. Nos referimos a la leche.