La obesidad se ha convertido en un auténtico problema de salud, que afecta cada año a más personas como consecuencia del seguimiento de hábitos alimenticios malsanos (sobretodo es común que estas personas sigan una dieta poco o nada equilibrada, basada en alimentos dulces tipo bollería industrial y fritos o muy grasos), y la poca o nula práctica de ejercicio físico.
Por tanto, la existencia de tratamientos de obesidad especialmente útiles para la reducción del sobrepeso y la obesidad son siempre bienvenidas, más aún cuando se trata de técnicas con resultados comprobados a lo largo de los años de experiencia médica.
En el caso del balón intragástrico nos encontramos ante uno de los tratamientos más revolucionarios junto con la técnica POSE, consistente en la colocación de un globo suave de silicona, el cual es introducido en el estómago y se llena con solución salina estéril. Este balón está especialmente diseñado para rellenar el estómago de forma parcial, otorgándole al mismo una sensación de estómago lleno que lleva a que el paciente sienta que está saciado, por lo que tiende a disminuir el consumo de alimentos en su dieta diaria (que, originalmente, se caracterizaba por ser más rica en calorías de lo que era realmente necesario).
Pero ¿cuáles son las indicaciones del balón intragástrico y para qué personas están indicadas este tratamiento?

Dietas “milagro” y efecto yo-yo
¿Por que se produce éste efecto? Principalmente por el uso de una dieta inadecuada, una dieta "milagro" que en dos semanas nos va a permitir bajar los kilos que queremos pero nuestro cuerpo, que es muy listo, se pone también en marcha para compensar la reducción de calorías que le provocamos.
Y lo hace recurriendo a diferentes sustancias que están en nuestro cuerpo: glucógeno, proteínas del músculo que hace que también se libere agua y solamente a partir de la segunda semana nuestro cuerpo recurre a los depósitos de grasa.
Y es justo a las dos semanas cuando dejamos las dietas "rápidas" así que lo que hemos bajado no ha sido por una reducción de la grasa, sino glucógeno, agua... que se recupera al rehidratarse los tejidos.
Otro motivo es que con este tipo de dietas no aprendemos a comer, que es lo que realmente nos va ayudar a mantener posteriormente el peso.
Además recientes investigaciones indican que parte de la culpa la pueden tener las hormonas del apetito: leptina y grelina. Según este estudio del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela, las personas que antes de hacer una dieta tenían más altos niveles de leptina y más bajos de grelina eran más propensos a recuperar los kilos perdidos. Por lo que en un futuro los médicos nutricionistas puedan otras "armas" para poder ofrecer a sus pacientes dietas más adecuadas en función de los niveles que tengan de dichas hormonas.
Desde Beyou, recomendamos acudir a un médico especialista para que nos aconseje la mejor manera de estar en nuestro peso apropiado sin perder la salud en el intento y mantenerlo durante mucho tiempo.
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